21/11/11

EL GUÍA - INTÉRPRETE PROFESIONAL DE NATURALEZA. DIGNIFICACIÓN DE LA FIGURA DEL GUÍA NATIVO

Os dejamos aquí un artículo de Jorge Garzón sobre El guía - intérprete profesional de naturaleza, con el que nos sentimos plenamente identificados y que tienen mucho que ver, en cuanto a interpretación se refiere, con la "Declaración de Arouca", relacionada con el Geoturismo.
  
El guía-intérprete profesional de naturaleza: un recurso laboral infrautilizado con gran proyección en España.
Autor: Garzón, Jorge (Curriculum de Jorge Garzón).


Se analiza el papel que desempeña un guía-intérprete local de naturaleza profesional en el sector del Turismo de Naturaleza y en el sub-sector de la observación de fauna y flora. Se revisa el papel actual que desempeña en el mercado turístico especificando la necesidad de dignificar y profesionalizar un servicio turístico complementario de esta importancia.
Se repasa, desde su inicio, las características de la industria turística española, mostrando las debilidades históricas que ha tenido con el sector y el profesional de la interpretación turística, primero en general y después en el Turismo de Naturaleza en España. Por último se caracteriza al guía-intérprete profesional local haciendo hincapié en el valor añadido que supone la conservación del recurso turístico en la educación y sostenibilidad de la propia actividad realizada.

Introducción.

España es un país que, desde los años sesenta del pasado siglo, ha despuntado por ser generadora de productos turísticos. Independientemente de la causa que motivó su aparición y la naturaleza de su origen, el mercado turístico de nuestro país se ha caracterizado, durante décadas por algunas evidencias:
  • Ha constituido un mercado, básicamente, receptor.
  • Ha potenciado la oferta turística estática basada en el recurso sol y playa.
  • Se han improvisado los servicios turísticos complementarios.
  • Los planes de formación han sido inexistentes o claramente insuficientes.
  • No se ha favorecido el polilingüismo.
  • Se ha utilizado la naturaleza y el paisaje como reclamo publicitario.
Lejos de intentar caracterizar la oferta y demanda turística de nuestro país, sí es necesario incidir en que, dentro de esos servicios turísticos complementarios, destaca uno al que -repetitivamente- se le ha prestado nula o escasa atención en el mejor de los casos. Se trata del servicio destinado a la interpretación del recurso turístico, independientemente de la naturaleza del mismo.
Dejando a un lado el esbozo formativo que han supuesto algunas de las asignaturas de la carrera universitaria TEAT (Técnico en Empresas y Actividades Turísticas), es tan sólo desde los años noventa del pasado siglo XX cuando se comienzan a identificar las necesidades de formación de profesionales de la interpretación. Dicha necesidad viene estimulada por una demanda cada vez más especializada y por la facilidad en el acceso a las nuevas tecnologías que permiten un acceso fácil y rápido a destinos y productos turísticos que de este modo pasan a ser una competencia directa para los comercializadores turísticos tradicionales.
 
Desgraciadamente, la formación de profesionales no se ha generalizado y la existente se ha caracterizado por su dispersión y ausencia formal de criterios objetivos, fin educativo y adaptación a la demanda especializada.

Los períodos formativos han incidido más en la demanda o intereses provinciales y autonómicos del momento que a la preocupación por una formación de calidad y curricular que permita ejercer una profesión digna, necesaria e insustituible en un mercado turístico que se precie.

El Guía-Intérprete de la Naturaleza.

Si bien se han dado los primeros pasos en la formación de profesionales del sector, estos lo han sido únicamente en un sector turístico acotado y claramente identificado por la oferta y la demanda: el turismo cultural basado en nuestro patrimonio histórico-artístico.
A casi todo el mundo le parece evidente que para 'atesorar' conocimientos sobre la cronología de un monumento, su génesis, su relación con el mundo de la época, su contenido visible e invisible, sobre su naturaleza, su interpretación y, en definitiva, saber trasladar a un visitante o turista todo ello, sea necesaria una formación específica. Mucha gente, por lo tanto, pagaría por un servicio de guía-intérprete. Incluso, en algunos lugares, si la visita es en grupo, es obligada su contratación (ej. la Alhambra de Granada).
Pero si a esas mismas personas se les preguntara si estarían dispuestas a invertir parte de su dinero vacacional en un profesional que les guíe o interprete el paisaje, la fauna o la flora durante el transcurso de un itinerario en plena naturaleza, mirarán de forma extrañada diciendo que ¡Eso lo puede hacer cualquiera!
Esa respuesta, generalizada hoy día en el mercado interior español, indica la poca importancia que se le otorga a la figura del guía-intérprete en el sector del turismo de naturaleza. Algo sorprendente en un país que se precia de ser la segunda potencia turística mundial, que atesora la mayor biodiversidad biológica del continente europeo, que contiene la mayor superficie de espacios protegidos en Europa y que exporta la imagen publicitaria de un paisaje excepcional a base de músicas ensoñadoras: montañas mediterráneas, dehesas de quercíneas, zonas húmedas excepcionales y paisajes áridos refugio de una flora y fauna únicas en el mundo.
Afortunadamente eso comienza a cambiar.
La necesidad de un guía-intérprete local.

La necesidad de un guía-intérprete local vino dada por la especialización del sector y por la demanda en visitar esa naturaleza excepcional. Se origina en mercados de origen externos a España, fundamentalmente países anglosajones, y en menor medida, germanos y centroeuropeos. La demanda especializada extranjera exige calidad y una serie de características que un buen guía-intérprete local ha de cumplir para no ser sustituido por un guía acompañante procedente del país de origen del grupo.
La propia actividad especializada y su desarrollo posterior han supuesto que un buen guía-intérprete local sea la piedra angular de un viaje especializado, suponiendo en la mayoría de los casos el eje sobre el que bascula la propia actividad turística especializada. Sin su existencia, el viaje pierde el valor añadido fundamental.
Algo a lo que no está acostumbrada la industria turística española. Una industria anquilosada durante años que aún hoy pretende -inexplicablemente- imponer sus necesidades empresariales a la demanda especializada; una industria que se niega a enfrentarse a un cambio drástico que la situaría a la cabeza del turismo de naturaleza en Europa.
Un sector turístico donde aún priman los nombres de las empresas de servicios sobre los auténticos protagonistas en un sub-sector especializado: los guías-intérpretes locales; aferrada al diseño tradicional de paquetes turísticos como solución comercializadora en un mundo cambiante de nuevas tecnologías que transforman al viajero en consumidor de servicios personalizados. Un cliente que demanda la interpretación de la naturaleza, su fauna y su flora: un recurso vivo, dinámico, que difícilmente se equipara a la interpretación improvisada que ofrece la comercialización tradicional. El cliente busca satisfacción y difícilmente la encontrará sin un buen guía-intérprete local. No la encontrará sin un buen profesional, debidamente formado y actualizado.
Características de un Guía-Intérprete Local

Un cliente que demanda observar naturaleza de una manera integral, exige conocimientos profundos sobre la misma. Cambia dinero por un servicio profesional que le cause satisfacción. Y en la observación de la naturaleza, el reto, la posibilidad de ser testigo directo de un comportamiento único, de un fenómeno extraño, de observar una especie escasa o rara, nos brinda una alta probabilidad de éxito.
Un buen guía-intérprete local ha de cumplir una serie de características que aseguren proveer el mejor servicio a sus clientes. Pero no sólo eso, un buen guía ha de ser consciente de los efectos de su actividad sobre la salud del recurso vivo (las aves observadas, las plantas fotografiadas, el equilibrio del hábitat, etc.).

Un código ético es parte fundamental a aplicar en su trato con el público y el acercamiento de éste a una naturaleza viva ¡y frágil!

Un buen profesional ha de poseer una serie de cualidades:
  • Honestidad y credibilidad: No inventarse la información.
  • Ser riguroso e informar debidamente de las características del viaje.
  • Puntualidad.
  • Poseer dotes comunicativas y educación en el trato.
  • Ser afable, servicial y amistoso, dando seguridad al grupo.
  • Mostrar paciencia y firmeza en la toma de decisiones.
  • Ser respetuoso y tener buen sentido del humor.
  • Exhibir un comportamiento ético con la flora y la fauna.
E igualmente debe cumplir con una serie de características:
  • No vestir con ropas de colores chillones ni ser ruidoso.
  • Caminar despacio y ubicar el objeto de la observación.
  • Atender por igual al grupo ayudando a identificar las especies.
  • Interpretar el hábitat visitado.
  • Conocer el comportamiento y hábitos de la fauna local.
  • Mantener los equipos de observación y el material en condiciones.
  • Poseer un nivel cultural medio-alto.
  • Hablar dos o más idiomas, uno de ellos el inglés.
  • Conocer el entorno debidamente en lo social y cultural.
Una larga lista de cualidades y características que obligan a quien quiera formarse como un profesional, a una continua formación e interacción con el medio natural.
En el cambiante mercado turístico, el guía local no sólo cumple con las obligaciones profesionales del servicio que otorga, si no que también actúa facilitando las tareas de comercialización directa, ya que es la persona representante de las empresas comercializadoras especializadas. En no pocas ocasiones diseña el propio producto especializado y se lo ofrece al tour-operador para que lo comercialice, prepara los materiales necesarios para los viajeros o contacta directamente con los viajeros independientes, ofreciéndoles servicios personalizados a conveniencia.
En la mayoría de los casos, y en aquellas personas que gozan de un nombre reconocido en el sector, los turistas no dudarán en mudarse de compañía si el guía local cambia de empresa para realizar un viaje determinado. El guía local es sinónimo de confianza y seguridad de alcanzar la satisfacción buscada.
De alguna manera, esto obliga al guía local a cumplir con algunas responsabilidades accesorias, tales como:
  • Ser un modelo ejemplar de comportamiento ético para el grupo.
  • Limitar el tamaño del grupo a un número que minimice el impacto sobre el medio natural y que no interfiera con otros grupos cercanos.
  • Informar al grupo sobre limitaciones o circunstancias especiales de las áreas que se visitan (no salir de las veredas, no usar reclamos, etc.).
  • Asegurarse que las compañías profesionales para las que trabaja son responsables y anteponen siempre el bienestar de la flora y fauna sobre sus intereses comerciales.
  • Llevar registros de los avistamientos realizados, documentar todas aquellas observaciones o presencias inusuales de especies y enviar las observaciones a las organizaciones conservacionistas o instituciones adecuadas.
Conservación ambiental y educación del cliente.

La mayoría de los clientes especializados en observación de la naturaleza suelen estar relacionados directamente con el mundo de la conservación ambiental. Dos de los grupos más numerosos de clientes especilizados son aquellos interesados en la observación de aves y flora silvestre. Bien por separado, bien conjuntamente.
Si el guía local colabora con una organización conservacionista, se acerca al cliente y crea una empatía que le hace más valioso de cara a su trabajo. La conservación del recurso turístico, en este caso coincidente con las aves o la flora, es un valor añadido que permite su sostenibilidad y una mejora profesional de la actividad.

En no pocas ocasiones, un turista puede solicitar ayuda para 'acercarse un poco más', tomar una fotografía única o preguntar para acercarse a una especie nidificante escasa. Uno de los retos de un guía profesional es no autorizar a su cliente a que haga algo que comprometa el bienestar de las especies o los espacios visitados. Es una difícil prueba de habilidad que se traduce -en la gran mayoría de las ocasiones- en respeto hacia el guía si éste posee un conocimiento superior sobre la biología de la especie o la ecología del lugar.
La incorporación de un criterio como la conservación de la biodiversidad en la actividad profesional de un guía, es un valor añadido que repercutirá positivamente en la educación de sectores históricamente apartados de los criterios de sostenibilidad.
Autor: Jorge Garzón

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