17/10/11

Érase una vez una tierra unida por sus gentes.

Mis abuelos Gregorio (Navalvillote) y
Adela (Navezueleña)
La verdad es que me da mucho que pensar cuando tantas veces últimamente oigo decir cosas como: "las tres comarcas Villuercas, Ibores y la Jara", "todos los pueblos de las tres comarcas tienen que estar unidos", de nuevo "Villuercas, Ibores y Jara" por aquí, "Villuercas, Ibores y Jara" por allá y "Villuercas, Ibores y Jara" por acullá.

Y digo que me da que pensar porque antes (bueno, antes, no sé, hace unos 15 o 20 años) no se hablaba de comarcas ni se hacían estas divisiones que parecen crear fronteras invisibles entre pueblos que siempre han estado unidos de una u otra manera, pero sobre todo a través de sus gentes.

Por eso, os voy a contar un cuento, verídico, que seguro que pasa en decenas de familias de toda nuestra comarca.

"Érase una vez (si la memoria no me falla mucho), un bisabuelo o tatarabuelo mío, por parte de padre, que vivía en Guadalupe y al que llamaban el Tío Solimán, bueno pues un hijo suyo se casó con una chica de Navalvillar de Ibor y se fué a vivir allí. Ni que decir tiene que nunca perdió la relación con su familia de Guadalupe, a la que se acercaba a ver asiduamente, a la vez que creaba una nueva familia en el pueblo de al lado. Pasó del valle del río Guadalupe, al del Ibor, así, sin notarlo y encantado.

Un poco más tarde, y, esta vez por parte materna, mi abuelo Gregorio, de Navalvillar de Ibor, al que nunca conocí, decidió enamorarse de una navezueleña, Adela, de ojos azules y limpios, y traérsela para su pueblo a hacerle compañía durante toda la vida. Por supuesto, mi abuela tampoco dejó de ir a su pueblo a ver a sus padres y familia y muchas son las veces que mi madre me ha contado como iba a pasar los veranos a Navezuelas con sus abuelos y primos, haciendo el viaje en caballería y atravesando los valles del Ibor, Viejas y Almonte. 

Un hermano de mi abuelo, por parte paterna, decidió irse a vivir a Navatrasierra, donde se casó. Para hacerlo también tuvo que atravesar dos valles de la zona, el del Hospital del Obispo y el del Guadarranque echando raíces y creando una nueva familia en la falda de la Sierra de Altamira, a los pies del Puerto de Arrebatacapas y entre las cabeceras del Guadarranquejo y el Gualija.

Sé que otro primo hermano de mi padre vivía en La Calera, donde también se casó, "Angelillo" le llamaban y ambos se tenían una cariño especial. Lo que más recuerdo de Ángel es lo familiar que era y lo que le gustaba acercarse a Navalvillar o Guadalupe a ver a todos sus primos, de nuevo, atravesando sierras y valles.

Por la otra parte, la de mi madre, algunos primos suyos de Navezuelas, también encontraron pareja en otros pueblos de las cercanías: Solana, Berzocana, Cañamero ....y comenzaron allí nuevas familias. Otra vez más valles atravesados: el de Santa Lucía, el de Berzocana, el del Ruecas.

Un hermano de mi madre, también se enamoró en otro pueblo, Fresnedoso de Ibor y una hermana de mi padre, en Castañar de Ibor y otra vez, otros pueblos, en este caso todos del Ibor, quedaron unidos por sus gentes".

Probablemente en esta historia me quede parentescos y pueblos sin nombrar, porque es imposible acordarse de todos. Me imagino que con este cuento de mi árbol genealógico todos habéis entendido lo que he querido contar, la tierra no la unen y la desunen las políticas de turno, los alcaldes, las conveniencias comarcales o los separatismos despechados. La tierra está pegada a sus gentes y sus gentes a la tierra y es la gente de estas tierras la que va uniendo un pueblo a otro y el otro al otro.

Antes, al menos, nunca se olvidaban de esos lazos familiares o de amistad que uno iba dejando por ahí y eso que ni las comunicaciones ni los transportes tenían nada que ver con lo que tenemos ahora. Antes se cuidaban las relaciones y un amigo o un familiar en el pueblo de al lado era un tesoro y te recibía con los brazos abiertos y te daba todo lo que tenía, de corazón, cuando llegabas.

Actualmente tengo familia repartida por Alía, Guadalupe, La Calera, Navatrasierra, Navalvillar de Ibor, Castañar, Fresnedoso, Navezuelas, Berzocana, Solana y Cañamero y amigos por otro montón de pueblos más, ¿creéis que significa algo para mí la denominación de Villuercas, Ibores, Jara con la mezcla que llevo en los genes y, sobre todo, en el corazón? Y UNA PORRA (por decirlo suavemente).

María José Prieto.
Descendiente de estas sierras.


2 comentarios:

  1. "Érase una vez una tierra unida por sus gentes...Y por la geología desde hace más de 500 millones de años". No tiene sentido hoy usar tres nombres cuando somos una misma tierra poblada desde milenios por la misma gente, con los mismos intereses y vivencias.Son los políticos y los administradores foráneos los que nos han dividido en tres "subcomarcas", pero ahora nosotros debemos de convencernos y convencerles de lo anacrónico que resulta una misma tierra con tres nombres. ¡Enhorabuena por tu magnífico y emotivo relato! Un abrazo.

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  2. Gracias por tus palabras. Nosotros estamos convencidos de esto desde hace mucho tiempo, pero sabemos lo complicado que es trasnmitir y cambiar ciertas ideas, aunque siempre es más fácil si se hace desde el corazón.

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